La ilusión de unos ojos preciosos acompaña tu caminar y, al andar, ves un futuro reflejado en los pequeños charcos que dejo, rara vez, con cada paso. La realidad es abrazada y tapada por la esperanza de ver lo que se proyecta en una mente; entre tanto pensar, se olvida la compañía y se endiosa una sensación que es solo tuya.

Las pequeñas hojas de mi cuerpo te hacen interpretar el sistema de raíces detrás, y decides tomar una confianza que no se forjó con el tiempo. La curiosidad y los riesgos se amontonan en la mente al actuar, buscando saber cómo serás recibida; y al hablar con seguridad, sin respuestas ajenas a tu propio ser, refuerzas tus creencias previas, confundiendo mi amabilidad con interés.

Vives acogida por la idea pronta de un futuro incierto, llevada por el hecho de enamorarte del amor y no del ser. Eres hermosa y tu aroma desprende lealtad genuina, al menos por un tiempo; miras cada movimiento superficial para ver si encaja con el rompecabezas de tu interior. Mientras más pasa el tiempo, más crece mi idea de esperar por lo bueno: algo que no se mezcle con la ilusión de un alma lista para amar.

La responsabilidad de amar se ve como algo lejano que traes pronto en tus manos brillantes; manos que alumbran y se posan en mi piel, pero sin poder llegar a mi corazón debido a la carencia de saber qué es lo que me hace amar. Tu vida, como todas, no es igual; cada recuerdo y experiencia llegan a una mente que procesa de forma única cada pequeña partícula de la existencia. Puedes buscar dónde guardar cada palabra que se forma en tu garganta.

Tristeza y sonrisas recorren los días; no sabemos cuándo acabará cada uno para darle paso al otro. Y aunque quisiera acompañar, decides apoyarte para sentirte incluida por la persona en quien pones las esperanzas de que los ideales de tus decisiones se cumplan, si das el mayor esfuerzo al comienzo. Pero para entender el amor, se debe amar no por ideal, sino por una sensación mutua entre personas y las formas en que funciona la vida, algo que se encuentra al meditar en el lugar seguro de nosotros mismos.

No soy tu lugar seguro.

Y aunque son claras mis ganas de ver un mundo mejor, donde cada flor crezca en la naturaleza humana —tanto la mía como la tuya—, la realidad es invisible a tus ojos ilusionados. Tus ganas de amarte y de amar vivir no dependen de un humano tan simplemente complejo como yo.

Ve a tu lugar seguro. Ese donde el tiempo se detiene y sientes cada pulso de sangre que recorre tu cuerpo; donde los pensamientos se organizan en un diagrama y ves cómo las emociones no surgen de la nada, sino del trasfondo complejo que aguarda en ti.

Amando como puedes amar, y aunque la vida no siempre se cumpla de la forma que los humanos esperamos, sabemos esperar y entender tanto las emociones de los demás como las nuestras. Mi futuro y el tuyo son tan inexplicables que no se puede trazar una línea, sabiendo que el tiempo la puede borrar si se le da permiso de actuar. Mientras el presente nos acompañe, seré tan sincero como mis labios me permitan.

El resultado, ese infinito de variables cambiantes, dependerá de la decisión que veas en ti y para ti.