Pequeñas gotas se generan en mi mente, tan minúsculas e insignificantes, las dejo fluir en mi ser sin pensar tanto en ello.
Mis días siguen. Siempre hay muchos temas y constantes entre la gente que veo y me rodea. Mis allegados me hablan, sus bocas se preparan para divulgar ecos de su vida, de nuestras vidas. Los típicos envuelven el tiempo, y entre tanta palabrería, llega a mí un húmedo aroma.
La gesticulación humana ya no son sonidos, sino gotas que forman el mar de emociones de las personas al hablar de ese algo. Y, así mismo, dejan rastro del aroma impregnado en el ambiente, dando como consecuencia un mundo empapado por las aguas del amor.
Un amor de aroma diferente a los demás, pues en este mundo de amores siempre hay uno que parece inundar más a la humanidad. Hace que cada movimiento sea pensado más de lo usual, mientras, así mismo, los hace resbalarse con los charcos de emociones que se escapan de sus cuerpos. Querido y rechazado por tantos, nunca deja de influir en su vivir. Parecen no darle tanta importancia, pero aun así son capaces de imaginarse navegando por sus olas de emociones, aparentando que no hay forma de hundirse en él.
Con o sin su hidratante presencia, seguirán despertándose, preguntándose cosas cuyas respuestas yacen en sus más profundos pozos de agua. Agua que cruzará por todo su cuerpo a su debido tiempo, escapará por sus poros y rozará los pies desnudos de sí mismos, y los dejará a la deriva por un camino incierto lleno de neblina. Tan impreciso como hermoso, cada paso entre tanta humedad reafirmará qué tan capaces son de amar, liberando así el aroma que brota en lo profundo de su ser.
Recorridos con destinos diferentes, que irónicamente dependerán de cómo se mantenga avivada la llama del amor. El núcleo de los océanos formados por dos personas que decidieron navegar juntas por aguas misteriosas.
Opinión basada en oler el aroma por parte del mundo, mas no por formar parte de él. Que podría ir cambiando con base en las experiencias y deseos que pueden inundar a una mente, nuestras mentes. Es la magia de su aroma. Emana de nosotros de diferentes formas, pero se percibe de una sola. Creando aguas únicas que nos susurran cómo navegar por ellas, para enseñarle a quien confiemos nuestras olas y, así mismo, aprender de las aguas de con quién queramos navegar, creando un nuevo océano en este mundo.
El aroma se irá y podrá tardarse en llegar, pero está claro que entre tanta variedad de gotas por el mundo, llegará un día donde nos sintamos cómodos siendo bañados por su cálida humedad, que nos abraza por quienes somos.
Y así es como esas pequeñas gotas que recorrieron mi ser me hacen pensar en este aroma, que no parece acabar, pues siempre se ve brotar de la gente. Aunque, si le pregunto a alguien más sobre qué siente al hablar de ello, su respuesta podrá variar, así como son variables nuestras formas de amar.